1.- Alumno:
El profe se veía mal, se notaba que no había pasado una buena noche. Yo me siento en la primera fila, y cuando entró, la sala quedó con olor a vino al tiro. Venía cargado con cosas, carpetas, libros, el bolso colgándole del brazo, andaba como desarmado, y con la misma ropa de ayer. Eso me dio risa, porque nosotros cachamos al tiro cuando los profes vienen con la misma ropa, y se lo dije mientras pasaba frente a la mesa. Se me acercó, y me dijo mirándome a los ojos “yo vengo con la misma ropa dos días seguidos y usted se ríe de mí, pero es usted el que usa uniforme la semana corrida”. Tenía olor a copete, harto. Me siguió mirando un ratito, pero yo no podía seguir con esa hediondez. Justo cuando ya iba a darme una arcada, se echó para atrás, parándose, y cuando trató de recuperar el equilibrio, ariscó la nariz y dijo para todo el curso “¿qué le echaron a la sala que huele así?”. Con mis compañeros nos miramos entre todos. El profe, entonces, tiró todas sus cosas encima de la mesa, nos hizo poner de pie para el buenos días, nos saludó y se puso a hacer clases. Anotó “actividad” en la pizarra y se volvió a su escritorio, abrió un libro y buscó algo ahí durante un rato. Luego, volvió a pararse para escribir las instrucciones, dándonos la espalda. Se quedó quieto, y apoyó la mano derecha en el pizarrón y agachó la cabeza. Lo recuerdo bien, porque el Guatón Meneses, el que se sienta conmigo, me dijo “cacha, parece que el profe va a güitrear”. Justo cuando me dijo eso, el mismo profe se agarró la guata con la mano izquierda, se le cayó el plumón al piso, arqueó un poco la espalda, y comenzó a vomitar. Quedó la cagada, si me perdona la expresión, pero todo se puso cuático: algunas chicas se espantaron, les dio asco, qué sé yo. Nadie sabía qué pasaba, y tampoco nadie cachaba qué hacer. Una compañera, la Vania, se puso a llorar casi al tiro, y hubo unas que se asustaron, incluso hubo una que estaba con la respiración muy agitada. Antes de que vomitara de nuevo, el profe se limpió la boca con la manga del chaleco, y nos gritó tan fuerte como pudo “¡Todos, fuera de la sala, ahora!”. Algunos lo quisimos ayudar, pero cuando nos acercamos para preguntarle cómo estaba, nos volvió a gritar más fuerte todavía “¡Fuera, dije!”. Salimos, no podíamos discutir con él. Entonces volvió a vomitar, lo vimos por la ventanita de la puerta. Cuando terminó, se limpió la boca de nuevo, se sentó en su silla, puso las manos juntas, con los codos apoyados en la mesa, y echó la cara para adelante, entre las manos, como para esconderse. A esa altura, la inspectora venía corriendo por el pasillo y todos los alumnos del colegio habían salido de las salas para sapear qué onda pasaba.
2.- El doctor:
Para serle sincero, creo que tiene cirrosis, pero no podremos saberlo a no ser que se haga algunos exámenes. Pero se lo digo ahora, deje de tomar, sobre todo si está haciendo clases. ¿Hace cuánto que se dedica a esto? ¿Empezó hace un mes? No me diga que estaba celebrando con el primer sueldo. Chuta. No sé qué más le puedo decir, le puedo recetar un antiácido y alguna cosa para evitar el sangrado, pero créame, su hígado no se va a recuperar. De hecho, sólo podría empeorar, ya que si tiene heridas, se le van a cicatrizar, y la sangre no podrá fluir correctamente a través del hígado. Así que cualquier tratamiento va a tener que ir por el lado de disminuir las molestias, pero si no le hago una biopsia no puedo saber si usted es resistente o no a los medicamentos que podría recetarle, ¿me entiende? Por ahora le daré licencia, nada de salir de su casa por los próximos 15 días, descanse, revise trabajos, prepare guías y, por favor, no tome nada, por su bien y el de su pega. Si no es porque la directora del liceo conoce al gerente del diario, la noticia sale mañana en primera plana en El Llanquihue.
3.- La directora:
La cagaste. Totalmente. Mírate. Estás hecho un asco. ¿Dónde mierda te metiste anoche? Hueles como si te hubieras tomado toda una botillería. Más encima vienes y vomitas toda la sala frente a los alumnos, ¡Frente a los alumnos! ¿Tienes idea de cuántos apoderados van a llegar a reclamar que cómo puedo tener a un profesor que vomita en la sala luego de una noche de juerga? ¿Te parece bonito? ¡No! No me digas nada. No estás en posición de decirme nada ahora. Eres un patudo, irresponsable. Cómo se te ocurre llegar así al colegio, cuando apenas llevas un mes trabajando. Si los alumnos no te hubieran visto no habría pasado nada, pero tenías que hacerte el valiente y venir a exponerte frente a todos, ¡frente a los alumnos! ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué les voy a decir a los apoderados? ¿A la jefa del ministerio? Si esto se llega a saber en el ministerio estás cagado, y de por vida. No volverás a poner un pie en una sala si esto se sabe, y créeme, se va a saber. Así que ahora necesitas desaparecer, pero no te puedo echar. Menos con lo que nos costó encontrar a un profesor que impartiera el ramo… ¡Y nos tenías que llegar tú, el borracho, el irresponsable! No, esto no tiene nombre. Llevo 20 años dirigiendo este colegio y nunca me había tocado ver nada así, nunca me tocó hablar con un profesor acerca de esto. Por último, las veces que llegó alguno curado, lo mandaba para la casa, que faltara el día, se le descontaba y todos felices, pero cruzaste el límite. Nunca podremos recuperar la poca reputación que le quedaba al liceo. ¿Qué cresta pasó por tu cabeza? ¿No pensaste en lo que podía pasar? De sólo imaginar lo que pasó y lo que se nos viene, Dios mío, en el nombre del Padre, del hijo, del espíritu santo. Aún no puedo creerlo. La cagaste. Sé que eres un buen profesor, pero eso no basta. Ahora no importa cómo hayas sido en la sala, si eras bueno en tu pega, si tratabas bien a los alumnos, aunque el puntaje del SIMCE y la PSU se vayan a las nubes, aunque salgan todos los alumnos becados por notas, nada de eso hará que los apoderados se olviden de esto, y lo van a sacar a colación bajo cualquier excusa. Si pudiera te echaría, pero ahora te rajaste, por puro que no podríamos encontrar otro profesor, pero tenlo presente, ésa es la única razón por la que estás. Ni pensar en renovarte el contrato. Búscate otro colegio, si es que puedes.
4.- Karina:
¿Qué hiciste, mi amor? ¿Por qué no me dices nada? Llevas ahí acurrucado un buen rato, con cara de preocupación. Venga, cuéntele a su Negrita qué pasó. No, mi amor, relájese, venga, acomódese, yo le rasco la cabeza. Pero hábleme, dígame por qué está así, por qué está tan triste. Ya pues, no se quede callado, no le hace bien. Acuérdese que me prometió que no me iba a ocultar lo que le pasaba, ¿se acuerda? No me diga que es difícil, usted sabe que para mí también ha sido así, pero no podré confiar totalmente en ti si no me dices qué te pasa, ¿cierto? Ya, entonces cuénteme. ¿Por qué me dice eso? ¿Por qué me dice que la cagó? ¿En serio hiciste eso? Pero eso es gravísimo pues, mi amor. ¿Qué le dijeron? Mínimo que te hayan dicho eso, obvio. Menos mal que no te van a echar, eso sí sería terrible, pero claro, perdiste todas las manos de ahí. Es terrible, qué penca. Sí pues, la cagaste, y no te lo digo sólo yo. Claro que sí, yo sé que te sientes mal, pero es lo que buscabas, ¿no? Tú siempre dices que a la gente hay que darle lo que quiere, y tú querías lástima, querías ser el más fracasado de todos, y lo lograste, lo hiciste, estabas en la cima y te mandaste ese cagazo. Agradece que no te echaron, y te lo digo en serio. Y ojalá que ni mis papás ni los tuyos se enteren, porque ahí sí que queda la grande, te aseguro que tus papás viajarían para tratar de internarte, y me tinca que tú no quieres eso. En todo caso, de más que te van a mandar a los Alcohólicos Anónimos o a alguna volada de esas para que permanezcas en la pega y que sea requisito para postular el otro año. ¿Qué? ¿Con la jefa regional? ¿Mañana? Vas a tener que ir lo más arregladito posible, y muy humilde, pídele disculpas sinceras, explica que estabas deprimido, no sé, porque terminaste conmigo o algo así, pero dilo de entradita. Y no reclames por lo que te vayan a decir, calladito no más, mira que te conozco y eres capaz de decirle algo a la vieja porque no quieres aceptar el castigo. Sea lo que sea, no reclames, y agradece que te dejen seguir en la pega, pues. Que no se te olvide. ¿Tienes esa ropa limpia? Anda a buscarla a la casa, trae la ropa sucia, el vestón para que lo limpiemos, los zapatos para lustrarlos, una camisa linda y no tan oscura, con corbata. Trae esas cosas, lavamos lo necesario y te quedas a dormir acá, ¿te parece? Ya anda, yo te espero.
5.- El Comandante Dureza:
¡Oh, huevón, no puedes haberte mandado una cagada así! ¿Qué vas a hacer ahora? Puta que la cagaste. Pero, ¿no puedes tomar? ¿nada? Chucha, huevón, qué paja. Ojalá te vaya bien mañana, yo voy por una pilsener, nos vemos luego.
6.- La jefa regional:
Creo que ya hemos escuchado lo suficiente. Le diré lo que irá a pasar, sin rodeos, para no hacerle perder el tiempo ni que usted me haga perder el mío. Lo primero es que, por ahora, conservará su empleo. Este incidente se mantendrá en el más absoluto silencio, así que no quiero comentarios de ninguna especie, ni aquí ni en ninguna parte. Si llego a saber que algo se filtró, no dude en que lo apuntaré a usted. Como segunda cosa, usted estará un mes fuera. Dos semanas por licencia, y dos semanas por las suyas, nadie le firmará una segunda licencia. En ese mes, usted buscará asistencia para remediar su alcoholismo, y se abstendrá de beber de inmediato. No, no me interesa lo que le dijo el doctor, capaz que usted haya considerado volver a empinar el codo cuando terminara la licencia. Bueno, eso no va a pasar, créamelo. Como tercera cosa, al finalizar el año, retire su cheque y nosotros le daremos una tarjeta de un banco, pues no queremos que vuelva. Y eso es “nunca más”. Ni currículum, ni vacaciones, ni ver a los amigos, nada, no viene no más. Por ahora, tiene un mes para preparar un discurso para cuando vuelva a clases, porque tendrá que explicar qué fue lo que pasó, y tendrá que hacerlo muy bien. Puede retirarse, y recuerde: no se queda aquí porque queramos. Hasta luego.
7.- La madre:
Pero hijo, es muy grave lo que pasó. Nosotros nos enteramos acá porque la hija de una vecina vio la noticia por Internet, y pensamos al tiro con tu papá “no será él”. Y eras. Yo sé que no siempre haces las cosas bien, pero por una vez en tu vida, hazle caso a tu madre y tranquilízate, de verdad. Puedes venirte para acá, no te vamos a juzgar con tu papá. Pero se nota que necesitas ayuda, de verdad. Piénsalo, si necesitas reponerte, vente para acá no más.
8.- El colega buena onda:
Tranquilo, compadre, esta huevada va a pasar, si total, la vieja no te va a echar. Ah, o sea que no te echó. Piola, entonces, poh huevón. Mira, de esta huevada nadie se va a acordar en un año más, estás cagado de la risa. Vamos a tomarnos un roncito, no te achaques. Vamos, huevón, yo te invito. No pues, no te quedes encerrado en la casa, ¿para qué te vas a quedar allá, achacándote? Ya, pero vamos poh, huevón. No seas maricón, dale, el último trago antes de la rehabilitación, ¿aló? ¿Capitán? ¿sigues ahí?
9.- El final:
Así que ahora me siento en el sillón y me pongo a ver tele, 60 canales en los que no hay ninguna huevada para ver. Qué mal. No puedo dejar de pensar en todo. Menos mal no quisieron entrar acá a la casa, a ver el despelote que tengo y la cantidad de colas y envases de copete que tengo botadas por ahí. Mierda, quiero una cerveza. La última, aquí solito, frente al televisor, una gran y helada lata de cerveza. Pero si me vieran comprando, todos me caerían encima. Debí haberle hecho caso a esa vocecita en la cabeza que me decía que no tomara ese último ron, anoche, pero claro, siempre quiero más, siempre. Si me tomo el primer vaso, me tomo el último. Y ahora, es el último. Ni yo me lo creo. Pienso en lo que me han dicho todos. Es mi hora, quizás. Después de todo, hasta el alcohol pasa. Creo que debo volver a fumar, entonces, o hacerme adicto a los programas de citas en televisión, algo que no le haga daño a los demás, y que no deje efectos malditos como el que me mandé hoy en la mañana. No sé si en Batman fue que leí algo así como “no nací, me cagaron”. Bueno, eso es aplicable ahora: no nací, me vomitaron. Así que ahora, a limpiarlo todo, a enderezar las cosas, a botar los envases y las colas, a ser un tipo decente. Mierda, ni yo me lo creo. Habrá que ver.
domingo, septiembre 13, 2009
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario